El Objetivo, Salvados y la imagen en televisión

Como espectador, el regreso de Ana Pastor a la televisión con su programa El Objetivo me ha dejado un sabor agridulce. Echaba de menos la voz crítica de una periodista incisiva, locuaz y ágil. Para desesperación de los telespectadores que gustamos de un punto de vista diferente, en un breve espacio de tiempo se dio el cese de una gran cantidad de profesionales que estaban marcando tendencia informativa y, acto seguido, la llegada de un género olvidado en cierto tipo de televisión, “las entrevistas amiguistas” –si la podemos clasificar en esta categoría– como la de nuestro entrañable Jesús Hermida a SS.MM.

Seguramente, esta sensación de amargor venga dada por el descrédito oficial que ya tienen los políticos, lo dicen hasta las encuestas del CIS. Aunque he de reconocer que siempre es agradable la sensación de confirmar tus sospechas: mienten y, además,  mienten mucho, pero también muchos, de todos los colores. Sin embargo, comprobar públicamente tanta mentira es desalentador, uno se sonroja por pudor. Desde ese punto de vista, en esta cultura del pelotazo y del listo en la que hemos estado sumergidos, no nos sorprenden los datos, era una verdad silenciosa que todos sospechábamos.

Olvidando el impacto, el escándalo y la indignación que debería abordarnos al comprobar que nuestros políticos mienten, el formato del programa no terminó de llenarme. Analizando los porqués quizás tenga mucho que ver con la sensación de que Ana Pastor nunca terminó de estar cómoda del todo, en esa pose de equilibro constante, apoyada entre la mesa y la silla para volcarse sobre la pantalla, o quizás fuera la escenografía elegida por la producción del programa, con luces y espejos, casi más propios de Sálvame de Lux que de un programa que ofrece datos reales, periodismo serio.

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En este sentido, después pudimos asistir a una lección magistral de imagen de calidad en la televisión. El programa de Jordi Évole nos ofreció, independientemente de sus contenidos, un espectáculo visual que difícilmente podemos ver en la producción nacional de televisión. La escenografía minimalista, la iluminación maestra y unos planos magistrales compusieron la realización del último Salvados de la temporada, logrando una atmosfera insuperable.

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De cualquier manera, antes de que esto pueda parecer una crítica a la esencia de los programas, nada más lejos, me gustaría felicitar como espectador a ambos periodistas. Por ello la sensación dulce de la que todavía no había hablado. Estamos necesitados, como espectadores, de más periodismo, otros puntos de vista que nos ayuden a poner luz sobre muchos asuntos. Voces oficiales y oficialistas ya existen demasiadas. Pero nadie debe olvidar que la televisión, además de lo que se dice y cómo se dice, es fundamentalmente lo que se ve.

Un saludo y hasta la próxima entrada